San Lorenzo nació, según la tradición, en Huesca (España). Movido por el celo de la religión marchó a Roma donde el Papa Sixto II, testigo de su pureza y de sus cualidades le nombró uno de los siete diáconos de la Iglesia Romana.
Cuando el emperador romano Valeriano desató una fuerte persecución contra los cristianos, el Santo Pontífice fue hecho prisionero, y Lorenzo, saliéndole al paso, le dijo: «¿A dónde vas, padre, sin tu hijo? ¿A dónde vas, sacerdote, sin tu diácono?». Entonces, el papa vaticinó: «A ti, hijo mío, como más joven, te aguardan más terribles suplicios».
Tras la degollación de San Sixto, aprisionaron a San Lorenzo y le presentaron al emperador, quien, codicioso de los bienes de la Iglesia, preguntó al santo dónde los guardaba.
Lorenzo pidió un día de tiempo y al siguiente se presentó con los pobres, ciegos y mancos que pudo hallar, y dijo: «Estos son los tesoros de la Iglesia».
Furioso el emperador mandó azotarlo y despedazar luego sus carnes. Finalmente le hizo tender sobre unas parrillas con fuego debajo. El santo conservó su constancia y su santa alegría en el tormento.
Poco después el invicto mártir, levantando los ojos al cielo, entregó su alma al Señor en el año 258.
La Hermandad posee en su propiedad una reliquia de un trozo de hueso de San Lorenzo Mártir, autenticada en Roma el 2 de febrero de 1906, que figura en el frontal del paso de Ntra. Sra. del Mayor Dolor cada Miércoles Santo y que se venera y procesiona cada 10 de agosto, festividad litúrgica de San Lorenzo Mártir.