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Capilla

Capilla

 

Los actos religiosos contemplados en las Reglas aprobadas en 1722 experimentan mutaciones sensibles tres años después. A partir de 1725 los hermanos dejan de salir en Vía Crucis los viernes y días festivos y se limitan a celebrar una función de iglesia en la mañana del domingo de la Doctrina de la dominica in passiones de la Cuaresma en el templo parroquial de San Lorenzo y por la tarde sacan la Vía Sacra con la venerada efigie del Titular.

Los mencionados cultos se mantienen hasta las postrimerías del siglo XVIII y los gastos van a ser sufragados  íntegramente con las cuotas semanales y limosnas de hermanos y devotos que representan la única fuente de ingresos. Con carácter extraordinario hay necesidad de allegar recursos para hacer frente a proyectos de envergadura. No cabe la menor duda de que el más ambicioso va a ser el retablo que se costea dedicado a Jesús del Calvario en una de las capillas de la Real Iglesia de San Lorenzo. Este retablo fue costeado en su integridad con los fondos de la Cofradía y que se terminó y doró a finales del XVIII, siendo Hermano Mayor D. Salvador Manosalbas, como consecuencia del acuerdo alcanzado con los anteriores propietarios de la capilla, llamada de San Roque, de la noble casa de los Toboso-Serrano, Manuel-Guzmán de Lando, una de cuyas ramas colaterales entroncó con los duques de Montoro, título que pasó a la casa de Alba.

Capilla Hermandad del Calvario

A veces nos encontramos con detalles y aspectos del patrimonio de nuestras Cofradías, que aparentemente pueden carecer de importancia  o incluso desconocerse el sentido de ellos. Pero si nos fijamos con mayor detenimiento e investigamos en su realidad histórica y artística, acaban teniendo pleno sentido.

Eso ocurre con las puertas laterales que tiene el retablo del Señor del calvario, en su capilla de la parroquial de San Lorenzo Mártir, sede de nuestra Hermandad. Más de uno se habrá preguntado alguna vez la razón de que se diseñaran, construyeran y tallaran esas puertas en el siglo XVIII si a ningún sitio conducen, ni aparentemente tienen utilidad alguna. ¿Por qué la Hermandad mandó hacerlas en aquel momento? La explicación más rápida y simple sería señalar que se hicieron por un evidente sentido estético y de dar mayor dimensión artística al magnífico retablo que la Hermandad  había encargado.

Sin embargo la explicación histórica real se encuentra en los planes de los planes de los directivos de la Hermandad en la época, por ampliar la capilla y dotarla de una sacristía propia que habría de construirse detrás del retablo y altar del Nazareno de la dulce mirada y continuaría también por detrás de la parte derecha de la capilla, con una puerta o ventana en el arco, donde en la actualidad se encuentra la imagen de Nuestra Señora del Mayor Dolor, a cuya sacristía se accedería principalmente por sendas puertecitas de madera abiertas a ambos lados del mismo, que son con las que actualmente cuenta mencionado retablo.

Esta afirmación no es gratuita, sino basada en la documentación histórica y en concreto en la escritura pública otorgada ante el escribano Lorenzo de la Torre Santa Cruz con fecha 11 de septiembre de 1756, tras intensas negociaciones y gestiones que nuestra secular cofradía mantuvo con el entonces titular del patronato de la capilla Antonio Serrano de Cárdenas, veinticuatro de la ciudad y los titulares de los dos beneficios que  tenían en la parroquia Gonzalo Hurtado, rector también del Colegio de la Compañía de Jesús, Andrés Fernández de Consolación, Juan Agudo Castroviejo y Gonzalo de Vega.

Era el asunto que se trataba, la compra de un terreno de “quatro varas de largo y cinco de ancho”, que en aquel momento estaba dedicado a corral y un terreno o jardín “de una fanega” con un árbol de morera, el cual formaba parte de “unas cassas que tiene veinte y ocho varas, que son en esta ciudad del Cordova, a la Collazión de San Lorenzo, a la calle Maior, que linda con la misma Yglessia, arrimadas a la puerta de la dcha. Yglessia que cae frente de la calle Escañuela, en la que vibe Juan Marttinez de Zafra, sombrerero, (…) que cae ael testero de la dcha. Capilla de San Roque, a espaldas de dcha. capilla”.

Ante el escribano, comparecen diversos testigos, entre  Alonso de Almoguera Villalón, obrero de la parroquia, quien expresa que “es util a los benefiziados de la dicha Yglessia de San Lorenzo, el dar el pedazo de corral a Dn. Antonio Serrano de Cárdenas, veintte y quattro de estta Ciudad, para agrandar la Capilla de San Roque  por que con esso quedará mas capaz y con mas claridad”.

Es decir, que el Hermano Mayor del Calvario, a la vista de la imposibilidad de costear la compra de este terreno para poder construir la sacristía, al tiempo que estaba proyectando el retablo, convino con el patrono de la capilla de San Roque,  en la que recibía culto el Señor del Calvario, para que el titular de los enterramientos y patronato de la dicha capilla comprase el terreno recayente y trasero de la misma a los beneficiados que ostentaban la propiedad de las casas colindantes con esa zona del templo parroquial, para así ampliar la capilla dotándola de sacristía propia. La venta se cerró en cuantía de “cinquentta y seis ducados de vellón” que el comprador pagó al contado.

Tras sucesivos trámites y conseguida la aprobación del Obispado a dicha compra-venta, toma la posesión material del terreno comprado quien sucedió pocos años después a Antonio Serrano de Cárdenas como patrono de la capilla, Luis Toboso Serrano y Manuel, el día 16 de noviembre de 1763.

Queda por investigar y aclarar la razón real y efectiva, por la que finalmente no llegó a edificarse la sacristía. Algún día podremos desvelarlo, si aparece referencia documental al respecto. De momento sólo podemos adelantar alguna conjetura basada en las arduas negociaciones que en los